miércoles, 15 de junio de 2011

"Que los niños sean los trabajadores del mañana y no los sometidos de hoy"

 

El trabajo a temprana edad refleja una cruda realidad. Admitir un paisaje de niñas y niños trabajadores es aceptar conductas inapropiadas que alteran y condicionan el desarrollo y crecimiento de nuestra condición humana. No caben dudas que un niño es un individuo en formación, que debe crecer jugando y educándose en un marco de socialización con igualdad de oportunidades, que le permita en su etapa adulta compartir esfuerzos y trabajo con dignidad.
 
Esta situación expresa las vulnerabilidades en que se encuentra expuesta la infancia con niños y niñas que trabajan a la edad que otros niños se educan y juegan en un escenario que invoca a la constante naturalización e invisibilidad. Se trata de comprender un complejo fenómeno cultural arraigado entre los habitantes del campo y sus familias, que valoriza en forma positiva el trabajo de los niños y niñas considerándolo como un elemento formador de la personalidad.

La igualdad de oportunidades para la enseñanza con programas educativos flexibles, y el destierro de prácticas culturales que consideran al trabajo infantil como una necesidad formadora de la personalidad, son factores a tener en cuenta a la hora de combatir este problema. El Derecho a la educación debe complementarse con el derecho a la salud, al esparcimiento y a la participación social y ciudadana en un sistema democrático.
 
Es determinante trabajar en la construcción de una nueva realidad, que ponga fin a la inequidad y desprotección de la infancia, estableciendo valores de respeto y equidad que fortalezcan el genuino desarrollo de capacidades, talentos y facultades de los niños y niñas.

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